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Las cloacas se llenan de oro
Nos hemos acostumbrado a conocer los dramas de la minería con el paisaje de fondo de minas a cielo abierto en Chile o Perú, los socavones de Potosí o Huanuni en Bolivia … pero la historia de Alberto Arce sobre una gran cloaca en la ciudad de Guatemala es trasladar la misma historia a un nuevo escenario. Pero la miseria aprieta y hace que se busque allí donde hay una beta y aquí la beta es arrastrada por las aguas fecales de las alcantarillas.
No la leeréis en un medio de comunicación español, aún cuando al otro lado ha tenido una repercusión bastante importante. Es lo que tienen las crisis financieras, las deudas, la austeridad y los recortes, que no dejan espacio para otras historias. Aquí la tenéis.
Un lugar lejos de estadísticas, de crónicas, de lo convencional, una mina creada a partir de la actividad humana para cerrar un ciclo o abrir otro, pero siempre vinculados a la misma fiebre por la codicia de oro.
La gran broma final
A veces, muchas, cada vez más, me parece que están dentro los que nos meten ramas entre las ruedas para que nos caigamos, los que nos ponen zancadillas.
Me jode ver que una vez más ha sido así y con esto no solo echan por tierra un proyecto, sino también la ilusión y las ganas que había por crear algo así. Me parece que nuevamente la necesidad de satisfacción de ciertos egos, su avidez por pasar a la historia, por ganarse homenajes, su egoismo sin más, les ha hecho devorar las ideas, las ilusiones, quemarlas como vulgar petroleo en su particular motor, para luego sólo dejar humo.
Animo a todos los que se habían ilusionado, habían puesto mucho de sí en este proyecto (pero de verdad, no sólo de cara a la galería), habían cambiado su vida actual para adaptarla a esto, “plumillas” que iban a currarselo y ya lo estaban haciedo, habían confiado en la idea y ahora se ven desamparados.
Para los que la cagaron, los “jefazos”, los “ideologos”, las “plumas geniales” que nos iban a deleitar son sublimes articulos de teoricas opiniones, ese “consejo de sabios”, sólo les pido que den la cara y arreglen el desaguisado, olviden su credibilidad, ya a ras de suelo, y hagan el esfuerzo solo para poder mirar a la cara el resto de sus vidas a todos los que nos sentimos engañados. Después dejennos de una puñetera vez en paz.
Mucho más se podría decir, mucho más están diciendo, pero cojo la palabras de Alberto Arce, uno de los más involucrados, como muestra:
“Dejan los tambores de tocar. Y un gong anuncia la retirada”.
El aborto de un periódico es una noche en vela. La mejor oportunidad para escucharse de un tirón el último disco de Nacho Vegas. Grandilocuencia, poca. Quejidos, los justos. Pero dignos.
“Se discute la capitulación mientras de fondo suenan carcajadas”
Nos quedan, por un rato, los ordenadores y una conexión a internet. Para contar las horas. Cuando se haga de día, alguien llegará que nos hable de leyes. Después, todo se diluirá. Mezcla de tiempo y anécdota. La ilusión que nos queda se apagará tan rápido como un trending topic cualquiera. Es lo que tiene la realidad. Una última noche perdida en la redacción, una asamblea que difícilmente lleve a ningún lugar y horas perdidas debatiendo. Saldremos de aquí -quizás caigan unas cuantas cañas más- y cada uno por su lado. Ni encierros que llaman a risa ni locos extemporáneos. Memorabilia, la mínima.
No apetece ni escribirlo. Desengañémonos. Eso ya pasó.
La esperanza duró tres semanas. Pensamos que sucedería algo. Que tendríamos tiempo para intentarlo. Que quedaba una última oportunidad para crear un medio. Que existía una puerta de entrada al periodismo. Que se diseñó un plan de negocio, se jugó con unos meses de margen o había una mínima reflexión detrás de la liebre levantada. Que nadie podía ser tan desalmado como para convocar a 40 personas, modificar sus vidas, pedirles que se mudasen, que dejasen trabajos y que creyesen más allá de sueldo, condiciones u horarios dejándoles tirados a las primeras de cambio.
Quisimos creerlo. Probablemente engañándonos a nosotros mismos.
Aceptamos lo que se nos ofreció. Sin rechistar. ¿La web? Ya la mejoraríamos entre todos. ¿El criterio editorial? Se construye con el tiempo. Firmas no faltan. ¿La coordinación de equipos y los procedimientos de trabajo? Día a día.
Queríamos que se nos escuchase. Porque pensábamos que merecería la pena. Pero tampoco lo exigimos. A nadie se le ocurrió preguntar ni exigir nada. O, mejor aún, se nos ocurrió pero esperábamos. Ya nos explicarían. Porque tenían nuestra confianza.
Ingenuos. Tres semanas trabajando sin contrato. Por la izquierda transformadora. Nadie protestó. Porque nos interesaba más que fuera cierto lo que nos contaban. Que existía la posibilidad de sacar adelante un medio de comunicación. De ser periodistas. No íbamos a pararnos en menudencias. Quedaban pocos gigantes por caer, si es que alguno. Y me pregunto de nuevo. ¿Cómo pudimos ser tan ingenuos?, ¿cómo hemos podido dejarnos engañar así?
Ahora, 45 problemáticas diferentes. Ni más ni menos importantes que las de otros 4 millones de personas que saldrán a la calle mañana a buscar empleo. Pero duele. Duele el engaño. Que hayan jugado con la ilusión. Con la confianza. Con las ganas.
La próxima vez casi mejor si se lo piensan, grandes nombres de la izquierda, antes de joder una vez más a los de siempre.
Sin más.
Elefantes
El 27 de diciembre de 2008 se materializaba (curioso siendo un blog, algo virtual, informático, en ningón modo tangible) este espacio donde ir reuniendo remiendos.
Aquel mismo día muchos nos sobrecogíamos con las imágenes que nuevamente nos llegaban de Palestina, comenzaba la operación Plomo Fundido, una nueva masacre ejecutada por el gobierno israelí que duró 21 escalofriantes días. Los únicos extranjeros que decidieron permanecer allí durante ese tiempo, hicieron poco después un documental donde contaban lo que ocurrió.
En este mismo momento está abierto el debate sobre la piratería y los derechos de la creación cultural por la horrorosa “Ley Sinde”. To Shoot an Elephant es el vivo ejemplo de cultura libre, así lo explica uno de sus autores, Alberto Arce: “No puede obviarse que la cultura libre existe y que yo, autor, defiendo que mi obra circule con libertad. La cultura se defiende compartiéndola. Que nadie engañe. La Ley Sinde no busca proteger a los autores sino a la industria que nos trata como gilipollas”

Pues esa cultura, no por gratuita deja de ser de excelente calidad. Lograr que un relato de crítica social y política opte a dos candidaturas a los Goya en este estado español es todo un logro, máxime cuando los ciudadanos de a pie, los consumidores de cultura, no podemos participar en ese proceso de selección que son los Goya, cuyo criterio determinará carteleras, programaciones de televisión y futuras subvenciones. Que además sea una pelicula sin derechos de autor, al margen de toda la industria cinematográfica española, ya es una heroicidad, quizás por eso ha participado en más de 50 festivales de cine. Sólo podemos, que no es poco, hacer que todo esto se conozca, que hay otras maneras de hacer cultura y denuncia social y que funciona aunque la industria y los gobiernos se empeñen en ocultarla y lo reduzcan todo a derechos económicos.
Posiblemente será el único aliciente para ver la ceremonia de los Goya de este 2011
