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Grandes sueños y pequeños gestos
No pienso ser yo el que de un apice más de popularidad a ese broker que sueña con que todo vaya un poco peor simplemente para ver si es capaz de hacer un poco más de dinero. La codicia personificada podeis conocerla aqui.
Pero más allá de repugnante, su discurso al menos tiene algo diferente, no era dificil saber que se estaban haciendo estas cosas y que esta era la hoja de ruta no desvelada de muchos de los causantes de la crisis financiera que ha derivado en una crisis económica o agravado la crisis ambiental que sufrimos desde hace años (y casualmente hoy entramos en déficil ecológico en el planeta tierra).¿A qué viene ahora tal arranque de sinceridad? Pues yo lo veo claro, puro marketing, a buen seguro ya habrá varios fondos de inversión, numerosas “Standar&Poor’s“ y otras “BarrickGolds” que le hayan ofrecido una suculenta cantidad a cambio de poner su know-how para ganar dinero especulando con la crisis a su servicio.Vamos, una muestra de la austeridad que nos exigen.
Nada nuevo bajo el sol, la situación actual ha dejado si cabe más a la vista que muchos tienen puesto precio a sus escrúpulos, aunque lo vistan de arranque de sinceridad o simplemente de silencio interesado. No hay otro modo de entender como un negacionista de los aspectos vinculados al cambio climático (tirando de manual de la mejor escuela Thatcheriana) ahora lanza un índice, via el Global Adaptation Institute, que mide dónde se dan las mejores oportunidades para hacer negocios con el mismo. A ver si nos aclaramos … ¿no quedamos en que no había tal cambio climático? ¿que adaptación y qué oportunidades va a haber en torno a algo que según tu, los tuyos y algún primo de los tuyos no existía?
Pero también encuentro una malintencionada actitud tras estas declaraciones, algo así como: “Hagáis lo que hagais, cambieis el gobierno, os manifesteis, boicoteeis ciertos productos o a ciertas corporaciones, no vais a tener ningún exito. Sólo podeis lamentaros y tratar de aguantar a que todo pase”. Tratar de minar las ganas de unos pocos individuos más, que ahora sean ellos los que bajen los brazos.
Puede que lo que busquen sea que nos invada el Sindrome de la Insignificancia del que habla Ramon Folch y al que se refieren en este artículo. No se trata de hacer nada, se trata de hacer algo dentro de nuestras posibilidades y teniendo en cuenta la escala correcta para medir su influencia (algo así como la suma de dos ideas sobre las que cayó un remiendo, 5 céntimos y La influencia) ¿No estaremos menospreciando nuestra capacidad de cambio como individuos pero también como miembros de algo colectivo?
Decía Saramago que hay dos superpotencias, una de ellas era Estados Unidos, que por lo que percibimos ha cedido su hegemonía a los Mercados, la otra, decía, era la opinión pública … ¿o es que también hemos cedido la nuestra?
A donde se está gestando la revolución …
No. Seguro que no se quedan aquí, lo suyo ha sido un viaje hacia otro lugar, un sitio desde donde seguir en la lucha contra las brechas, donde seguir peleando por cambiar este mundo, se van a allí donde se esté gestando una revolución … nuestra revolución.
Salsa
Nuevamente, Galeano sabe explicarnos que está pasando (de su libro Espejos):
“Yo escuché a un cocinero que reunió a las gallinas, a los gansos, a los pavos, a los faisanes y a los patos. El cocinero les preguntaba con que salsa querían ser comidas. Una de las aves, creo que era una humilde gallina, dijo:
-”Nosotras no queremos ser comidas de ninguna manera”.
Y el cocinero aclaró:
-”Eso está fuera de la cuestión”.
Me pareció interesante esa reunión porque es una metáfora del mundo. El mundo está organizado de tal manera que tenemos derecho de elegir la salsa con la que seremos comidos. “
Esa es la Demoracia que tenemos, que más bien podríamos llamar Dictadura de los Mercados.
Vuelvo a “El viaje del elefante” novela de Saramago de la que hablé en el post anterior, para traer una frase del cornaca (algo más que cuidador) del elefante: “Si todo el mundo hiciera lo que puede, el mundo sería, con certeza, mejor”. Y eso nos queda a los que no nos resignamos, cuando menos generar opinión y ponerla en movimiento.
Y un ejemplo puede ser:
Huérfanos
Ayer nos quedábamos un poco más huerfanos de referentes.
Se apagó José Saramago y ahora nos queda a nosotros hacer que nos ilumine aún más fuerte la llama de la memoria de su persona y su obra, hacer que su palabra no pierda vigencia y que sus utopías queden cada vez un paso más cerca.
De entre los últimos momentos que recuerdo estar leyendo su obra, me quedo con haber releido “Ensayo sobre la Lucidez” durante algunos de los días en los que Tegucigalpa estuvo bajo toque de queda militar el verano pasado (y como desde que llegué a Honduras recomendaba ese libro, hasta que lo compré allí y allí lo regalé) o leer “El viaje del Elefante” en el avión que me traía de regreso a España en diciembre pasado y el impacto de la frase “Siempre acabamos llegando a donde nos esperan“
Nos vemos en la Utopía, Sr. Saramago, seguro que es allí donde a usted llevaban tiempo esperándole.




