Remiendos para la brecha

Reflexiones de un ambientólogo (agua, decrecimiento, sociedad, sostenibilidad, …)

La gran broma final

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A veces, muchas, cada vez más, me parece que están dentro los que nos meten ramas entre las ruedas para que nos caigamos, los que nos ponen zancadillas.

Me jode ver que una vez más ha sido así y con esto no solo echan por tierra un proyecto, sino también la ilusión y las ganas que había por crear algo así. Me parece que nuevamente la necesidad de satisfacción de ciertos egos, su avidez por pasar a la historia, por ganarse homenajes, su egoismo sin más, les ha hecho devorar las ideas, las ilusiones, quemarlas como vulgar petroleo en su particular motor, para luego sólo dejar humo.

Animo a todos los que se habían ilusionado, habían puesto mucho de sí en este proyecto (pero de verdad, no sólo de cara a la galería), habían cambiado su vida actual para adaptarla a esto, “plumillas” que iban a currarselo y ya lo estaban haciedo, habían confiado en la idea y ahora se ven desamparados.

Para los que la cagaron, los “jefazos”, los “ideologos”, las “plumas geniales” que nos iban a deleitar son sublimes articulos de teoricas opiniones, ese “consejo de sabios”, sólo les pido que den la cara y arreglen el desaguisado, olviden su credibilidad, ya a ras de suelo, y hagan el esfuerzo solo para poder mirar a la cara el resto de sus vidas a todos los que nos sentimos engañados. Después dejennos de una puñetera vez en paz.

Mucho más se podría decir, mucho más están diciendo, pero cojo la palabras de Alberto Arce, uno de los más involucrados, como muestra:

“Dejan los tambores de tocar. Y un gong anuncia la retirada”.

El aborto de un periódico es una noche en vela. La mejor oportunidad para escucharse de un tirón el último disco de Nacho Vegas.  Grandilocuencia, poca. Quejidos, los justos. Pero dignos.

“Se discute la capitulación mientras de fondo suenan carcajadas”

Nos quedan, por un rato, los ordenadores y una conexión a internet. Para contar las horas. Cuando se haga de día, alguien llegará que nos hable de leyes. Después, todo se diluirá. Mezcla de tiempo y anécdota. La ilusión que nos queda se apagará tan rápido como un trending topic cualquiera. Es lo que tiene la realidad. Una última noche perdida en la redacción, una asamblea que difícilmente lleve a ningún lugar y horas perdidas debatiendo. Saldremos de aquí -quizás caigan unas cuantas cañas más- y cada uno por su lado. Ni encierros que llaman a risa ni locos extemporáneos. Memorabilia, la mínima.

No apetece ni escribirlo. Desengañémonos. Eso ya pasó.

La esperanza duró tres semanas. Pensamos que sucedería algo. Que tendríamos tiempo para intentarlo. Que quedaba una última oportunidad para crear un medio. Que existía una puerta de entrada al periodismo. Que se diseñó un plan de negocio, se jugó con unos meses de margen o había una mínima reflexión detrás de la liebre levantada. Que nadie podía ser tan desalmado como para convocar a 40 personas, modificar sus vidas, pedirles que se mudasen, que dejasen trabajos y que creyesen más allá de sueldo, condiciones u horarios dejándoles tirados a las primeras de cambio.

Quisimos creerlo. Probablemente engañándonos a nosotros mismos.

Aceptamos lo que se nos ofreció. Sin rechistar. ¿La web? Ya la mejoraríamos entre todos. ¿El criterio editorial? Se construye con el tiempo. Firmas no faltan. ¿La coordinación de equipos y los procedimientos de trabajo? Día a día.

Queríamos que se nos escuchase. Porque pensábamos que merecería la pena. Pero tampoco lo exigimos. A nadie se le ocurrió preguntar ni exigir nada. O, mejor aún, se nos ocurrió pero esperábamos. Ya nos explicarían. Porque tenían nuestra confianza.

Ingenuos. Tres semanas trabajando sin contrato. Por la izquierda transformadora. Nadie protestó. Porque nos interesaba más que fuera cierto lo que nos contaban. Que existía la posibilidad de sacar adelante un medio de comunicación. De ser periodistas. No íbamos a pararnos en menudencias. Quedaban pocos gigantes por caer, si es que alguno. Y me pregunto de nuevo. ¿Cómo pudimos ser tan ingenuos?, ¿cómo hemos podido dejarnos engañar así?

Ahora, 45 problemáticas diferentes. Ni más ni menos importantes que las de otros 4 millones de personas que saldrán a la calle mañana a buscar empleo. Pero duele. Duele el engaño. Que hayan jugado con  la ilusión. Con la confianza. Con las ganas.

La próxima vez casi mejor si se lo piensan, grandes nombres de la izquierda, antes de joder una vez más a los de siempre.

Sin más.


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Written by Juanjo Amate

6 abril 2011 a 11:55

Publicado en Remiendos

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