Remiendos para la brecha

Reflexiones de un ambientólogo (agua, decrecimiento, sociedad, sostenibilidad, …)

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Mitch y otros huracanes

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Como bien señalaba en el post del pasado viernes, se cumplen ahora 13 años del paso del devastador Huracan Mitch por Centroamérica, el cual es ampliamente recordado, además de por los efectos devastadores, por la gran ola de solidaridad que despertó en España, no en vano recuerdo que el verano de 1999 Joaquín Sabina inició su gira del disco 19 días y 500 noches en Huércal de Almería precisamente en un acto benefico a favor de las víctimas del Mitch.

Avatares y casualidades de la vida, sin haber tenido una relación más directa con Honduras ni Centroamérica, ni haber conocido mucho más sobre aquel suceso, aterricé en Honduras justo un 28 de Octubre, el día que se cumplían diez años del paso de Mitch, y ya desde el comienzo pude comprobar como la huella de mismo es algo muy patente aún en estos territorios.

De entrada una tormenta tropical (como fué en origen Mitch y como son tan habituales en estas fechas) hizo que desde el momento mismo en el que el avión entrase en terreno hondureño, comenzara a vivir en mis carnes la idiosincrasia patria y buena parte de las consecuencias del paso de aquel huracán. Mis primeras imágenes de Tegucigalpa son de la corta pista de aterrizaje de su aeropuerto cubierta de nubes, al igual que la lluvia y las nubes protagonizaron mi aterrizaje en San Pedro Sula y el posterior trayecto en coche hasta Tegucigalpa de noche, con zonas de carretera totalmente anegadas y la presa del Tablón desbordada por las lluvias, hasta llegar a Tegucigalpa, donde la lluvia hizo que durante casi un día no pudiera salir de El Hatillo debido a las caídas de árboles en la carretera.

Y serían las fechas o las circunstancias, pero fue entonces cuando me contaron y mucho sobre lo que supuso el Mitch para Honduras, otras muchas cosas las fui descubriendo a lo largo de los meses que estuve por allí.

Uno de los hechos que más me llamó la atención fue que en esa década se han elaborado numerosos planes, programas y muy diversos documentos sobre riesgos naturales, ordenación territorial, mitigación de catástrofes naturales, etc. Existe una información más que abundante, sin embargo anualmente se repiten los fenómenos de tormentas tropicales, incluso algún huracan y aún no ha habido temporada que se salde sin victimas, a pesar de toda esta planificación. ¿Por qué? Pues en mi opinión es vasta la información obtenida y elaborada, pero muy poco el conocimiento que ha sido generado como fruto de la misma. Vamos, que esa información no ha salido de los cajones, no se ha tratado de llevar a la práctica, no está interiorizada por parte de las autoridades, organizaciones y población en general, además de estar muy pobremente conectada entre sí. Creo que la gran carencia en este sentido ha sido la de que más que elaborar documentos, se debería haber creado conocimiento en torno la prevención, mitigación y gestión de desastres naturales, poner en práctica esto que viene a llamarse la Inteligencia Territorial para solucionar esta problemática.

El segundo de los hechos, que pude comprobar a través de mi trabajo como cooperante en Honduras, es lo que llamé “la institucionalización de la catástrofe“, entendiendo como tal el hecho de que lejos de buscar una efectiva prevención, mitigación o gestión, se me antojaba que los esfuerzos estaban dirigidos a lograr que cualquier catástrofe de tipo ambiental mínimamente asimilable a lo que fué el Mitch, sirviera para generar una nueva ola de solidaridad internacional similar a la que aquel despertó, y aprovechar la circunstancia para hacer caja. Percibí esta sensación no solo por el modo de abordarlas de las instituciones y gobiernos, sino por parte de ONG y agencias de cooperación internacional (que pensaban que sería la manera de prorrogar sus prebendas durante una temporada, a cambio de renunciar a estrategias y saltar de unos objetivos a otros muy diferentes según conviniera) y hasta sectores de la propia población. Análisis que después pude comprobar que coincidían con los que contenían obras como Honduras después del Mitch. Ecología política de un desastre de una editorial local.

Cabría pensar que algo ha cambiado, pero si lo ha hecho, puede que incluso sea a peor. Mi impresión es que la vulnerabilidad ambiental es aún mayor fruto de, entre otros muchos factores, las devastadoras políticas forestales y agrícolas que se han llevado a cabo, nada conscientes del escenario de la vulnerabilidad ante catástrofes naturales al que se enfrentan y su capacidad de mitigación de las mismas. Algo similar pasa con la institucionalidad del estado, se crearon organismos por doquier que sin embargo no cuentan con unas competencias claras y recursos suficientes, además de un marco legislativo bastante inadecuado (dudo que la extinta Ley General de Aguas de 1927 recogiera lo más mínimo sobre el papel de los recursos hídricos ante las catástrofes naturales) y así es difícil contar con una red de infraestructuras de transporte, energía y comunicaciones capaz de aguantar los periódicos envites de la naturaleza, no hay más que la fragilidad de algunas de las principales vías de comunicación, como la Carretera de Olancho. O puede que sea la actitud general, ese encomendarse a Dios, el iniciar hasta la más de las sesudas reuniones científicas con un rezo colectivo (al más puro estilo Tea Party, como bien cuenta Diego Fonseca en el flamante numero 4 de Orsai) lo que lejos de cambiar, quizás de ha agudizado. Mal vamos.

Se han cumplido ya trece años y apenas hace unos días nuevamente eran imágenes muy parecidas las que se asomaban a los televisores europeos, el escenario actual no es mucho más prometedor y la crisis climática amenaza con agravar estos fenómenos, pero como siempre, parte de los vulnerables que somos reside en nuestra capacidad de afrontar las amenazas, y puede que esa sea la mayor debilidad con la que se enfrenta Honduras, muy a pesar de años de solidaridad internacional en forma de cooperación. Quizás habría que haber empezado por ahí.

Written by Juanjo Amate

29 octubre 2011 at 16:10

Refundando

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Hubo que destruir.

Hubo que reconstruir.

Y quedaba refundar, reorganizar la estructura de algo (o de alguien) para que vuelva a funcionar con normalidad.

… nos tocaba crecer y crecimos, vaya si crecimos,
cada vez con más dudas, más viejos, más sabios, más primos …

Refundación como acción y efecto de transformar radicalmente los principios ideológicos de una sociedad o de una institución para adaptarlos a los nuevos tiempos, o a otros fines.

Parecía que este 2010 nos iba a traer la refundación del capitalismo en un sistema económico más justo, mas igualitario, más ético, resumiendo, más humano. Pero este año no toca.

Quizás por eso toca refundar la alternativa. Contra viento y marea. Contra leyes y apagones informativos.

… resumiendo,
sin voto y sin voz,
resumiendo,
que se pasa el arroz …

Refundación porque hay que ir un paso más allá. Porque si se nos cierran puertas, hay que sacar de los bolsillos las llaves que tenemos y ponernos a la búsqueda de la cerradura que abren. Refundación que debe ser la vía que nos lleva a la nómada utopía.  Refundación como grito en alto para decir que estamos ahí y venimos para quedarnos.

Refundación como un sintoma de sentirse vivo, como ejemplo de que se sigue soñando aunque no se recuerde exactamente qué. Refundación como seña de identidad. Refundación para seguir compartiendo con buena gente.

… ten a bien recibir de mi parte un abrazo de amigo,
cuando estalle la guerra estaré en la trinchera contigo …

Written by Juanjo Amate

6 julio 2010 at 23:45

Publicado en Remiendos

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