Remiendos para la brecha

Reflexiones de un ambientólogo (agua, decrecimiento, sociedad, sostenibilidad, …)

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Cuestión de Cantidad

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Nos recorre la indignación como una descarga eléctrica, pero se queda en eso, en un chispazo, en un relámpago, en un flash, antes de volver a nuestro letargo.

Primero nos acostumbraron a asimilar con naturalidad las grandes cifras. La cultura del más es mejor. El sindrome del nuevo rico, miedo no a perder lo logrado, sino a no seguir ganando más. Nos cambiaron el enfoque, díficil no estar satisfecho si estás en la primera división, si tu vida se asemeja cada vez más a la que se enseñan en la tele.

Después nos secuestraron el pensamiento, imposible encontrar argumentos en contra de su lógica. Todo funciona según dicta esa lógica, son los sacrificios que requiere el progreso, “nuestro progreso” travestido de crecimiento especulativo, gigante con pies de barro. El resultado nada tiene que ver con el esfuerzo, cambiaron el rango de méritos, vale más el parecer que el ser, vale más el de donde vienes que el qué sabes hacer.

Y ahora han logrado anestesiarnos el espíritu. El soma a base de banderas hace su efecto, y cuando este se pasa, un poco de doctrina de shock, para que abracemos con ansia la nueva dosis. Yo soy …, …, …, gritamos bajo sus efectos.

Y tu te paras y te preguntas ¿y yo que soy?

Yo soy de los de la otra orilla, de esa otra superpotencia que decía Saramago que es capaz de mover conciencias, derribar paradigmas, despertar a las masas y lograr los cambios. A veces se me olvida  que yo soy del 99%.

 

Written by Juanjo Amate

12 junio 2012 at 12:04

Lo que da la tierra … (Toscana V)

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Otra de las señas de la Toscana es que hay pequeñas delicias gastronómicas que, al estar más cerca de la tierra como decíamos en otro post, posiblemente también lo están más a la mano, de ahí su abundancia.

Y no es sólo pasta, con sus Funghi Porcini o una pizza de casi cualquier ingrediente. Regada con una Birra Moretti de 600, volumen justo para no quedarse corta.

Es el pecorino, el queso de la zona, que bien puede pasar por un buen queso curado de la mejor zona de nuestra península. Es la cultura del aceite para regar las Bruschettas y el mimo al olivar.

Es una buena copa de vino del Chianti, ¿qué mejor nombre que Madre Terra para un buen vino blanco ecológico con su indicación geógrafica registrada? Y la viña como un elemento determinante del paisaje.

Es el trigo como pieza elemental de la cocina y como protagonista de las ondulantes colinas.

Es la maestría en sus postres, ya sea el Canolo traido de Sicilia, el onmipresente Tiramisú o una deliciosa Pannacotta. Pero también la maestría para hacer los helados más deliciosos que se puedan probar.Y todo ello acompañado del mejor cafe de Italia (que ya es decir) en la Taza de Oro, una cafetería son solera a apenas dos esquinas del Panteón de Agrippa (aunque ya hayamos saltado al Lazio).

Pero también es un aperitivo a media tarde en el Gargantúa mojado en un Tom Collins, bajar el nudo de la garganta de Siena con un Campari Soda o probar un Cuba Libre inolvidable al atardecer en una callejuela de Cortona.

Y ya que mana de la tierra y se mezcla con ella, que mejor que pasar la digestión en las aguas termales de Bagno Vignoni, rebozado al sol en barro blanco calizo.

Written by Juanjo Amate

10 octubre 2011 at 19:23

Un viaje al Medievo (Toscana IV)

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Puede que a veces ya no sea slow, no es que parezca que la vida fluye más lenta, tampoco es decrecimiento, es más bien un retroceso, un viaje en el tiempo hasta hace varios siglos.

Esas situaciones suelen ser pintorescas, llamativas, pero llevadas hasta el extremo, convertirse en algo tan pasional que desborde todo sentido común.

Una de esas manifestaciones es el Palio de Siena, la carrera de caballos que cuenta con una tradicion histórica que se remonta hasta nueve siglos atrás según en qué se fije su origen (carreras de caballos de nobles o de ciudadanos. Una historia bastante bien explicada aqui.

Innegable el espectaculo que supone esa Plaza abarrotada hasta los topes, las calles adornadas con los banderines de los diferentes barrios (antaño eran gremios profesionales) a los que representan, colorido que llega a camisetas y demás indumentaria del paisanaje.

Tensión en la plaza momentos antes del inicio de la carrera, llevada al extremo en el momento de la alineación de los caballos y la orden de salida, que ha de cumplir rigurosamente con las normas establecidas (y en medio de tanta tensión, hacer obedecer al caballo es muy difícil).

Tras minutos de contención extrema para al final, una explosión de sentimientos. Las de los vencedores en alegria desbordada, las de los perdedores en una frustación dificilmente contenible. Los espectadores atónitos ante el espectáculo.

Y justo ahora, con todo a flor de piel, cualquier gesto, por incomprendido, por incoherente con una tradición basada en los modos de pensar de hacer cientos de años, puede ser la espita que desboque en algo muy diferente … ¿ira?¿enfado?¿los efectos del alcohol, la confusión o la frustración? O simplemente una pose muy bien medida para evitar seguir estando en la picota de las organizaciones proteccionistas de animales con críticas hacia el sufrimiento de los caballos y no darle más argumentos.

Y es que a veces viajar al medievo puede hacer que lo que tu entiendes como normal, para otros sea una agresión en toda regla, no en vano hace siglos se quemaba a los acusados de brujería por pensar que a través de ciertos ritos “ te robaban el alma“, algo que aún hoy tribus indígenas creen que les puedes hacer a través de tomarles una foto. A ver si es que ese sentimiento, aunque reprimido está latente en nuestro civilizado mundo occidental y emerge en ciertas situaciones.

No creo que sea cuestión de estados o de territorios (bastantes ejemplos tan irreales pueden echarnos en cara desde Siena), cda uno vive las tradiciones como las siente, y que pierdan los papeles los hay en Cofradías, como hay CristianosRonaldos en Tordesillas y los habrá en el barrio de Onda de Siena. Pero es lo que puede tener viajar al Medievo, o a una recreación del mismo, que quieran quemarte en la hoguera.  Es curioso pensar que ya Leonardo da Vinci sufriera ciertos modos de pensar y parezca que trás varios siglos estos no se hayan esfumado.

Si alguno ve el alma de algún caballo en una de estas fotos, digamenlo, si hiere sensibilidades, también, pero yo lo unico que veo es un jinete y su grupo cabreados y un caballo sacado a rastras del Palio para ser sacrificado minutos depués porque las heridas que se hizo durante la carrera eran irrecuperables. O puede que esa culpa fuese la que se expresara en forma de agresividad frente al foráneo, hagánselo mirar.

O mejor, tómenselo a chufla por una vez, mejor si además lo acompañan de un Campari Soda.

Written by Juanjo Amate

30 septiembre 2011 at 13:34

Armonía natural (Toscana III)

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Escaparnos a vivir al campo.

Los hay que sueñan/soñamos con eso y tratamos de ir orientando nuestra vida para que un día sea posible. Pero con frecuencia lo que parece utópico para algunos, los que ya lo han intentado lo señalan como casi heroíco, aunque los hay que pese a todo lo han conseguido. En unos casos es un mundo rural que casi agoniza falto de actividad y en otras son unas zonas rurales cuya identidad han sacrificado para tener algo de actividad. ¿Habrá termino medio?

Ese término medio fue una de las sensaciones que tuve en muchos de los pueblos de la Toscana, la de tener actividad, dinamismo sin haber sacrificado su esencia. De una u otra manera han logrado seguir vivas sin vender su alma al diablo de la construcción de viviendas. Cuando eso puede verse en las cercanías tanto de grandes capitales, como Florencia, como de ciudades medias como Siena, sin duda es fruto de que algo se ha hecho de modo diferente a como lo hemos sufrido en España, donde no se ha librado nada medianamente cercano a en 100 kms a una ciudad, por pequeña que fuera esta.

Y esa armonía se palpa en la conservación del patrimonio, en forma de calles o edificios, que no ha sido necesario cambiar para facilitar el paso de coches. Es visible en los campos  agrícolas que casi actúan como huertos de las propias casas, mostrando así que lo que es una agricultura amable y nada intensiva. Ya sea esa agricultura, sus vinos o sus quesos, los restaurantes en los que degustarla, talleres de artesanos o de reparación (que no todo es cultura de usar y tirar) de tapicería, muebles o bicicletas, pequeños establecimientos donde alojarse, pequeños despachos de profesionales en las más variopintas ramas o microempresas para trabajos más manuales. De eso se vive en la Toscana.

No se ven pancartas reclamando una Autovía Ya amparándose en el argumento del crecimiento y el desarrollo económicos, algo que de ser verdad, haría que España estuviera a la cabeza de Europa. Aqui saben cual es su patrimonío de verdad, natural, cultural, social o económico, y saben que para disfrutarlo hay que aclimatarse a otra manera de vivir las cosas, más tranquila, en la que deleitarse. Saben que la Toscana no se disfruta desde dentro de un coche a 100 km/h. Te van a seducir las sensuales curvas hasta llegar a alguno de sus caseríos o pueblos por entre campos de cereales o viñas, saben que te van a conquistar cuando te tengan con los pies en el suelo, levantes la cabeza para mirar sus torres, afines el olfato para encontrar de donde viene el olor a pecorino o el gusto para encontrar el sabor afrutado de un Madre Terra ecológico. Saben que estarás rendido a su pies cuando te agaches a beber el agua fresca de alguna de sus fuentes o te sientes a degustar unos funghi porcini.

Comparar la Toscana con la Ítaca particular puede ser aventurado, sobre todo por la distancia, por lo que ¿habrá una Ítaca algo más cerca? Toca seguir en camino …

Written by Juanjo Amate

24 septiembre 2011 at 18:36

Luca, la ciudad de las bicicletas (Toscana II)

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No debe ser casualidad que una de las escenas más recordadas de La Vida es Bella ocurra en una plaza de una ciudad de la toscana italiana.

Puede que el cine refleje en esta escena, o en otras de Cinema Paradiso o El Ladrón de Bicicletas, el papel de las mismas en las ciudades, no eran ni son un mero accesorio. Quizás otro ejemplo sea que mientras tanto en España las películas se llamaban Muerte de un ciclista … o Sor Citroen.

Otro de los elementos imprescindibles de la toscana es la bicicleta, puede que como reminiscencia de años pasados de los que aún no acaba de desligarse, puede que como ejemplo de altura y distancia al suelo desde la que se observan mejor las cosas y la perspectiva es la óptima para disfrutarlas , puede que como reflejo de esa vida slow de la que hace gala ….

Detalles como que junto a la principal estación de trenes de la toscana exista una cooperativa de trabajo para colectivos desfavorecidos que alquile bicicletas (y tandems) para visitar la ciudad, encontrarte alforjas y otros elementos para bicicletas hechos de manera artesana o que la imagen de una bici (en muy diferentes versiones) sea usada como emblema en camisetas de recuerdo para turistas son también buenos ejemplos del papel que juega la misma.

Y de entre todas, Luca, ciudad amurallada, con una maraña de callejuelas, con su torre coronada por encinas, es sin duda alguna una ciudad tomada por bicicletas. Esa muralla que antes la protegió del asedio de enemigos, ahora protege su corazon de vehiculos a motor, y hasta el momento lo consigue.

Written by Juanjo Amate

14 septiembre 2011 at 18:17

Publicado en Remiendos

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Rojo, Blanco y Verde (Toscana I)

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Rojo, blanco y verde.

Tierra, Agua y Arboles.

Mármol blanco tallado, piedra sobre piedra para levantar torres, pigmentos sobre fresco para decorar cupulas, tejas, puentes, murallas, vias, plazas y cultivos.

El Orcia, el Arno, Bagno Vignoni, fuentes y acueductos.

Robles, viñedos, un trigo que muta de color verde a amarillo.

Un viaje en tiempo, a estar lo más cerca posible del Renacimiento, de épocas pasadas donde había otro vínculo más estrecho con la tierra y lo que produce. A otros tiempos que pasaban más lentos, slowly, slowly, como si fueran a pie o en bicicleta.

Written by Juanjo Amate

9 septiembre 2011 at 19:41

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